Un pequeño viaje de gestión emocional a través de la escritura creativa
¿Y si pudieras utilizar la escritura no solo para contar historias, sino también para acercarte un poquito más a ti?
No necesitas escribir poesía.
No necesitas tener una novela entre manos.
No necesitas conocer técnicas literarias, estructuras narrativas ni saber qué es un arco de personaje.
Y, desde luego, no necesitas ser un gran escritor.
Solo necesitas algo que quieras decir.
Algo que te preocupa.
Algo que no sabes cómo expresar.
Una conversación que nunca tuviste.
Una emoción que no sabes muy bien dónde colocar.
O incluso algo que jamás le contarías a nadie, pero que necesitas sacar de alguna manera.
Hay muchas maneras de escribir
Durante años he visto cursos, talleres y formaciones sobre escritura creativa en los que se habla de estructuras, personajes, conflictos, arcos narrativos, puntos de giro…

Y todo eso puede ser maravilloso.
Pero mi forma de escribir nunca empezó ahí.
Yo empecé a escribir porque quería leer historias que todavía no existían.
Primero leí muchísimo. Después empecé a inventar mis propias historias. Y poco a poco fui descubriendo mi manera de escribir.
Muchas de las cosas que hago al construir una historia tienen un nombre. Algunas las aprendí después. Otras las hago simplemente porque, de alguna manera, tienen sentido para mí.
Cuando escribo, muchas veces no sé exactamente qué va a ocurrir.
Dejo que la historia respire.
Dejo que los personajes hagan cosas que yo no había previsto. Los observo, intento entenderlos y me meto en su piel. A veces veo las escenas casi como si estuviera viendo una película.
Y solo cuando la historia empieza a estar realmente construida, llega el momento de ordenar, estructurar y darle forma.
¿Es esta la única manera correcta de escribir?
No.
¿Es necesario hacerlo así?
Tampoco.
Hay personas que necesitan planificar cada capítulo antes de comenzar. Otras disfrutan estudiando técnicas y estructuras. Y otras necesitan sentarse delante de una página en blanco y descubrir la historia mientras la escriben.
No existe una única manera correcta de hacerlo.
Y quizá tampoco necesitas saber cómo se llama eso que estás haciendo para que funcione.
No necesitas saber escribir para empezar a escribir
Esta es, probablemente, la idea más importante de todo este pequeño taller.
No necesitas saber escribir bien para empezar.
No necesitas hacerlo bonito.
No necesitas encontrar la palabra perfecta.
No necesitas escribir como un premio Nobel.
Necesitas tener algo que quieras expresar.
Porque a veces escribir no consiste en crear una obra literaria.
A veces consiste simplemente en encontrar una forma de decir aquello que todavía no sabemos decir en voz alta.
Yo descubrí eso muy pronto.
Cuando era adolescente, no sabía cómo levantar la voz. Así que levanté la pluma.
Creaba personajes que se atrevían a hacer cosas que yo no hacía. Personajes que gritaban, que se enfrentaban al mundo, que rompían las reglas, que tomaban decisiones que yo jamás habría tomado.
No porque quisiera dejar de ser yo.
Precisamente porque escribir me permitía ser libre sin dejar de serlo.
Y quizá eso sea una de las cosas más bonitas que puede ofrecernos la escritura: un lugar en el que podemos probar, imaginar, preguntar, sentir y decir.

Sin consecuencias.
Sin tener que justificarnos.
Sin que nadie nos mire.
Este no es un curso para aprender a escribir novelas
No voy a enseñarte a construir un bestseller.
Tampoco voy a convertirte en escritor o escritora en siete pasos.
Este pequeño taller es otra cosa.
Es una invitación a jugar con la escritura.
Vamos a crear personajes.
Vamos a poner voz a emociones.
Vamos a entrar en la piel de alguien diferente a nosotros.
Vamos a atrevernos a ser la villana de nuestra propia historia.
Vamos a tener conversaciones que nunca ocurrieron.
Vamos a cambiar finales.
Y, finalmente, vamos a volver a nosotros mismos.
Porque a veces podemos entender algo mejor cuando dejamos de mirarlo directamente.
Cuando se lo damos a un personaje.
Cuando hacemos que otra persona diga aquello que nosotros no conseguimos decir.
Cuando imaginamos cómo pensaría alguien completamente diferente a nosotros.
Cuando escribimos un final distinto al que ocurrió.
Y cuando cerramos el cuaderno y nos preguntamos:
¿Qué me estaba intentando decir todo esto?
¿Qué necesitas?
Muy poco.
Un papel y algo con lo que escribir.
O una pantalla, si lo prefieres.
No tienes que compartir lo que escribas.
No tienes que enseñárselo a nadie.
No tienes que convertirlo en un relato perfecto.
Ni siquiera tienes que conservarlo.
Puedes escribir durante diez minutos y después cerrar el cuaderno.
Lo importante no será lo bien que hayas escrito.
Será lo que hayas descubierto mientras escribías.

El pequeño viaje
Este recorrido está formado por siete pequeñas píldoras.
Cada una parte de una herramienta de la escritura creativa y la convierte en una puerta para explorar algo que llevamos dentro.
01 · No sabía cómo levantar la voz, así que levanté la pluma
Empezaremos creando un personaje que pueda hacer aquello que nosotros no nos atrevemos a hacer.
02 · Ponle un personaje a lo que sientes
¿Y si tu miedo, tu rabia, tu tristeza o tu incertidumbre pudieran sentarse frente a ti y hablarte?
03 · Crea a alguien que no se parezca a ti
Porque escribir también consiste en entrar en la piel de alguien que piensa, siente y actúa de una manera completamente diferente.
04 · Hoy puedes ser la villana
No necesitas crear un personaje al que admires. A veces los personajes más interesantes son precisamente aquellos que no queremos ser.
05 · La conversación que nunca ocurrió
Hay conversaciones que nunca tuvimos. Podemos escribirlas.
06 · Cambia el final
No podemos cambiar lo que ocurrió. Pero podemos explorar otros finales y descubrir qué despiertan en nosotros.
07 · Y ahora vuelve a ser tú
Después de haber habitado otras voces, otros personajes y otras posibilidades, llega el momento de regresar a la tuya.
No para encontrar respuestas perfectas.
Solo para escucharte un poco mejor.
Una última cosa antes de empezar
No tengas miedo de escribir mal.
No tengas miedo de hacerlo raro.
No tengas miedo de que no tenga sentido.
No tengas miedo de no ser escritor.
Escribe.
Porque quizá no necesitas saber escribir para empezar.
Quizá solo necesitas encontrar aquello que llevas tiempo queriendo decir.
Y dejar que, por una vez, sea la pluma la que levante la voz.
Angie 🦋
Gracias por estar aquí y acompañarme en este camino. 💜 Si crees que este taller puede inspirar a alguien más, ¡compártelo!

