4. Hoy puedes ser la villana

ESCRIBIR PARA SENTIR

Un pequeño viaje de gestión emocional a través de la escritura creativa

Cuando escribimos, podemos permitirnos cosas que en la vida real jamás haríamos. Nuestros personajes no siempre tienen que ser buenos, hacer lo correcto o ganarse la simpatía de los demás.

A veces, basta con darles permiso para romper las reglas.

Y hoy vamos a dejar que la villana tome el protagonismo.


4. Hoy puedes ser la villana

Llegamos a mi parte favorita.

Porque hay personajes que son especialmente divertidos de escribir.

Los villanos.

Quizá porque tienen permiso para hacer muchas de las cosas que nosotros intentamos no hacer.

No tienen que caer bien.

No tienen que ser razonables.

No tienen que pedir perdón por existir.

Y, sobre todo, no tienen que ser buenos.

Pero una buena villana tampoco es simplemente alguien que hace cosas malas.

Tiene que tener una historia.

Una razón.

Una herida.

Un deseo.

Una lógica propia.

Y ahí es donde escribirla puede convertirse en un ejercicio fascinante.

En mi caso, hubo un personaje que me enseñó muchísimo sobre esto: la propia Reina de las Lobas.

Ella y yo no tenemos prácticamente nada que ver. Y no, yo no quería ser como ella.

Pero para escribirla tuve que ponerme en su piel. Tuve que comprenderla, descubrir su lógica y aprender a mirar el mundo desde sus ojos.

Y tengo que confesar algo: me divertí muchísimo haciéndolo.

Poder entrar en su cabeza, dejar que actuara a su manera y permitirme explorar una personalidad tan diferente de la mía fue una de las partes más fascinantes de escribirla.

Y cuanto más profundizaba en ella, más descubría que podía entender sentimientos que, en otro momento de mi vida, yo también llegaría a experimentar.

No éramos iguales. Ni mucho menos.

Pero quizá tampoco estábamos tan lejos como yo había pensado.

Y esa es precisamente la magia de crear un personaje.

Tu ejercicio: crea a tu villana (o villano)

Crea una villana que no se parezca a ti.

No intentes hacerla agradable.

Hazla interesante.

Pregúntate:

¿Qué quiere?

¿Qué le hicieron?

¿Qué no está dispuesta a volver a soportar?

¿Qué considera justo?

¿Qué haría que tú jamás harías?

¿Qué secreto esconde?

Y ahora escribe una escena en la que ella consiga exactamente lo que quiere.

Déjala actuar.

Sin corregirla.

Sin hacerla más buena.

Sin convertirla en una versión de ti.

Cuando termines, vuelve a leer la escena.

Y pregúntate:

¿Te has divertido?

¿Has disfrutado dejando que tu personaje hiciera cosas que tú jamás harías? ¿Has roto alguna norma que normalmente te impondrías? ¿Te has permitido escribir sin preocuparte por si lo que hacía estaba bien o mal?

Porque este ejercicio no consiste en convertirte en una villana ni en descubrir que, en el fondo, eres como ella.

Consiste en darte permiso para jugar, explorar y romper las reglas dentro de una historia.

A veces, escribir también es eso: dejar de ser quien se supone que debemos ser y descubrir qué ocurre cuando nos atrevemos a ser cualquier otra persona.

Angie 🦋

Gracias por estar aquí y acompañarme en este camino. 💜 Si crees que este taller puede inspirar a alguien más, ¡compártelo!

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