2. Ponle un personaje a lo que sientes

ESCRIBIR PARA SENTIR

Un pequeño viaje de gestión emocional a través de la escritura creativa

En esta segunda propuesta de Escribir para sentir, vamos a darles forma, voz y personalidad a nuestras emociones.

Porque, a veces, cuando dejamos de mirarlas como algo abstracto y empezamos a imaginar quiénes podrían ser, descubrimos nuevas maneras de acercarnos a ellas.


ESCRIBIR PARA SENTIR

Un pequeño viaje de gestión emocional a través de la escritura creativa

2. Ponle un personaje a lo que sientes

A los personajes les damos una voz, una historia, una forma de mirar el mundo. Les permitimos decir cosas que quizá nunca habrían salido de nuestra propia boca.

¿Y si hiciéramos lo mismo con nuestras emociones?

Hay emociones que nos cuesta explicar. Decimos:

«Estoy frustrada».

«Tengo miedo».

«Estoy enfadada».

«Estoy triste».

Y parece que, con ponerles un nombre, ya es suficiente.

Pero ¿y si probamos algo diferente?

¿Y si esa emoción fuera una persona?

Imagina que el miedo fuera un personaje. ¿Cómo sería? ¿Un guardián que intenta protegerte de cualquier peligro? ¿Alguien que siempre espera lo peor? ¿O quizá una criatura pequeña que se esconde detrás de ti cada vez que algo la asusta?

¿Y si la rabia tuviera voz propia, la tristeza una forma particular de caminar o la alegría una manera muy suya de entrar en una habitación?

A veces, poner nombre a lo que sentimos no basta para comprenderlo. Pero quizá podamos acercarnos de otra manera: dejando de pensar en las emociones como algo abstracto y empezando a imaginar quiénes serían si pudieran convertirse en personajes.

No necesitas contar tu propia historia ni encontrar las palabras exactas para describir lo que te pasa. Solo necesitas imaginar.

Porque, a veces, cuando damos forma y voz a lo que sentimos, podemos descubrir todo aquello que se esconde más allá de lo que vemos a simple vista.

Tu ejercicio: entrevista a tu emoción

Elige una emoción que esté presente en tu vida estos días.

Ahora conviértela en personaje.

Dale un nombre si quieres.

Descríbela.

Después, escribe una conversación entre ella y tú.

Puedes empezar con:

—¿Qué haces aquí?

Y dejar que la emoción responda.

Pregúntale:

—¿Qué quieres de mí?

—¿Qué intentas decirme?

—¿Qué necesitas?

—¿De qué intentas protegerme?

Y después deja que ella también te haga preguntas.

No intentes controlar demasiado la conversación.

Escribe como si realmente estuvieras hablando con ese personaje.

Cuando termines, vuelve a leerla.

Quizá descubras que esa emoción no era exactamente lo que pensabas.

O quizá no.

Y también está bien.

El objetivo no es encontrar una gran revelación.

Es aprender a mirar lo que sientes desde cierta distancia.

Porque tú no eres tu emoción.

Tú eres quien puede escucharla.

Angie 🦋

Gracias por estar aquí y acompañarme en este camino. 💜 Si crees que este taller puede inspirar a alguien más, ¡compártelo!

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